Detenidos por la Policia Nacional 18 miembros de la organización mafiosa georgiana Kanonieri Kurdi responsables de decenas de robos en viviendas de Madrid

Dirigidos por un "ladrón de ley" ingresado en una prisión turca desde hace ocho años



Detenidos 18 miembros de la organización mafiosa georgiana Kanonieri Kurdi responsables de decenas de robos en viviendas de Madrid
Entre los detenidos se encuentran expertos en la técnica del "ganzuado", conocidos por los miembros de la banda como "manos de oro" o "mecánicos" por la facilidad de abrir las puertas, muy preciados por otros grupos de delincuentes georgianos

Parte de los beneficios que obtenían los aportaban a la "obshchak" o "caja común" donde se centraliza el producto de sus actividades ilícitas para su reparto a los responsables de la organización que se encuentran fuera de España
Marcaban las puertas de las viviendas con recortes de papel o con tiras finas de plástico transparente semirrígido en forma de cuña para comprobar que las viviendas estaban vacías
Otras cinco personas que colaboraban con ellos, tanto en los asaltos como en la receptación de lo sustraído, han sido igualmente arrestadas
28-junio-2016.- Agentes de la Policía Nacional han detenido a 18 miembros de la organización mafiosa Kanonieri Kurdi responsables de decenas de robos en viviendas de Madrid. Los arrestados conformaban dos activas células, dirigidas por un "ladrón de ley" ingresado en una prisión turca desde hace ocho años. Especializados en el método del "ganzuado", su frenética actividad delictiva les llevaba a cometer varios robos al día. Vendían los objetos sustraídos principalmente en un locutorio ubicado en el distrito de Usera donde el propietario, en connivencia con uno de sus empleados, compraba todos los objetos que los grupos criminales les llevaban. Parte de los beneficios que obtenían los aportaban a la "obshchak" o "caja común" donde se centraliza el producto de sus actividades ilícitas para su reparto a los responsables de la organización que se encuentran fuera de España. Otra parte del dinero que lograban en sus robos lo destinaban a costear su adicción a las drogas. Asimismo, cinco personas que colaboraban con ellos tanto en los asaltos como en la receptación de lo sustraído han sido igualmente arrestadas. Se han practicado cuatro registros en Madrid (2) y en las localidades madrileñas de Ciempozuelos y Fuenlabrada. 18 de los 23 detenidos han ingresado en prisión.

Las similitudes en el modus operandi empleado por los arrestados condujeron a los investigadores a la puesta en marcha de un plan, coordinado por la Brigada Provincial de Policía Judicial de Madrid, destinado a la identificación y localización de los responsables de los robos. Gracias a la información procedente de las comisarías de los distritos en los que habían actuado se pudo estrechar el cerco a los integrantes de esta activa organización criminal, identificarles y localizar sus domicilios actuales.
Cometían varios robos al día
Las células desarticuladas tenían una desenfrenada actividad, cometiendo varios robos al día de manera indiscriminada y sin fijarse objetivos donde obtener un importante botín. Los delincuentes tenían por objetivo cualquier vivienda a la que pudieran acceder de forma fácil y rápida, donde poder conseguir el dinero, joyas y dispositivos electrónicos de pequeño tamaño a los que pudieran dar salida de forma inmediata. Utilizaban el transporte público como medio para trasladarse hasta las diferentes zonas y distritos de Madrid donde cometer los delitos. Además, actuaban en diferentes barrios cada vez, con la finalidad de evitar concentrar su actividad, lo que podría llevar a una mayor facilidad para su investigación y seguimiento por parte de la Policía.
Adoptaban importantes medidas de autoprotección en el momento de ejecutar los robos, permaneciendo varios miembros de la organización criminal en funciones de vigilancia con la finalidad de alertar de la posible presencia de los moradores de las viviendas asaltadas o de agentes de la autoridad en las proximidades. También utilizaban taxis para huir tras perpetrar los robos y asegurar que los efectos sustraídos llegaban rápidamente y de modo seguro a sus domicilios, minimizando las posibilidades de ser interceptados por los agentes.
"Manos de Oro"
Los investigados actuaban en grupos de 2 o 4 personas que se repartían la ejecución material del robo y las tareas de vigilancia de la zona. Accedían al portal mediante la técnica del resbalón. Una vez en el interior del bloque, uno de ellos subía a las plantas intermedias mientras otro se quedaba en el portero automático llamando a los pisos para verificar cuál se encuentra vacío y comunicárselo a su compinche vía móvil.
Entre los detenidos se encuentran expertos en la técnica del "ganzuado", conocidos por los miembros de la banda como "manos de oro" o "mecánicos" por la facilidad de abrir las puertas, muy preciados por otros grupos de delincuentes georgianos, ya que la figura principal para esta actividad criminal es la de un experto en la apertura de cerraduras, puesto que el resto de tareas en la ejecución de robo no requieren ninguna especialidad.
Marcaban las puertas de las viviendas con recortes de papel o con tiras finas de plástico transparente semirrígido en forma de cuña, marcas que situaban a baja altura entre la hoja de la puerta y el marco. De esta forma, si el morador accedía al domicilio, el testigo caía evidenciando que la vivienda está ocupada. Sin embargo, si los testigos no habían caído sabían que la vivienda se encontraba vacía y podían actuar con mayor impunidad.
Dirigidos por un "Ladrón de Ley" preso en Turquía
La finalidad primordial de esta organización criminal es la obtención continuada de beneficios económicos con dos únicos fines: adquirir droga para su adicción y conseguir poder aportar dinero a la "Obshchak" o "caja común" donde se centralizaría todo el provecho de la ilícita actividad para su reparto entre los diferentes estamentos superiores de la organización. Los investigados están obligados por esa pertenencia a determinado clan de la organización criminal Kanonieri Kurdi a aportar parte de los beneficios que obtienen de sus actividades delictivas. Para ello por encima de los investigados se encuentra el "Ladrón de Ley" figura a quien los miembros inferiores de esta organización deben informar de las vicisitudes de la actividad de los miembros del grupo (detenciones, peleas, beneficios obtenidos....).
El "Ladrón de Ley" dirige y organiza a la comunidad de ladrones que actúan de acuerdo a unas reglas especiales. Estas normas son establecidas y aceptadas por los mismos, cuyo objetivo es la obtención de beneficios procedentes, en este caso, de los robos con fuerza en viviendas. El "Ladrón en Ley" que controla a los arrestados se encuentra preso en una prisión de Turquía desde hace 8 años, y desde allí imparte órdenes y supervisa las actividades delictivas del clan.
18 de los 23 arrestados ingresaron en prisión
Las complejas investigaciones permitieron la identificación de la práctica totalidad de los ejecutores de los robos y averiguar sus domicilios actuales. Provistos de los mandamientos judiciales se realizaron siete registros en las localidades madrileñas de Ciempozuelos y Fuenlabrada, y en los distritos de Usera Villaverde y Carabanchel en la capital. El operativo concluyó con la detención de 23 personas (20 en Madrid capital, uno en Fuenlabrada, uno en Parla y otro en Ciempozuelos) -a las que se atribuyen decenas de robos cometidos en Madrid- y la intervención de numerosas joyas, herramientas utilizadas para la comisión de los robos, dos armas de fuego y un fusil simulado, armas blancas y pruebas que han permitido a la autoridad judicial ordenar el ingreso en prisión de 18 de los detenidos.
La investigación ha sido desarrollada por agentes de la UDEV de la Brigada Provincial de Policía Judicial; de las comisarías de distrito de Fuencarral, Usera y Centro; de la UPR de la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana; de la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras; y de la comisaría de Fuenlabrada; todos ellos adscritos a la Jefatura Superior de Policía de Madrid.
Un mafioso georgiano: «Sois muy buenos policías, pero no os acompañan las leyes»
La mayor red de asaltantes de casas pensaban (y acertaron) que pronto saldrían libres
Noche del 3 de julio pasado, calabozos de la Jefatura Superior de Policía de Madrid. El Grupo XI de la UDEV de la Brigada Judicial, la Brigada Central de Crimen Organizado y la UDEF Central acaban de asestar un durísimo golpe a una mafia georgiana con conexiones internacionales dirigida por el «vor v zakone» o «kanonieri kurdi» Zviad Darsadze. Todo ha salido a pedir de boca. Los arrestos han sido limpios y los registros positivos. Un investigador habla con un lugarteniente del capo, que le espeta: «Los policías españoles sois muy buenos, pero no os acompañan las leyes». Estaba convencido de que en unos días saldría libre, y acertó; tras ingresar en la cárcel el día 5 por orden del juez de guardia, el 13, a los diez exactos de la «tirada» (detenciones, en el argot policial), el juez de Instrucción número 43 lo dejaba en la calle con los otros 18 encarcelados.
La reveladora escena se remató con dos anécdotas más: la primera, que el mismo tipo añadió al policía que «en Rusia ya tendría la nariz en la nuca», para remarcar las diferencias entre un país y otro; la segunda, que las risas y buen ambiente entre los detenidos -«el único que os ha podido juntar a todos soy yo», bromeó el agente- se cortó de raíz cuando vieron aparecer a Darsadze. Entonces sí se preocuparon.
Complejidad extrema

Durante unos años, no muy lejanos, los capos de la mafia georgiana escogieron Barcelona como su centro de operaciones y desde allí supervisaban sus tentáculos criminales en el resto de Europa. Un fiscal les definió como “la mafia total”, porque no existe ni un solo delito en el que no hayan intervenido. Kakhaber Shushanasvili dirigía desde su modesto piso de la calle Marina la organización, a las órdenes de su hermano mayor, Lasha, considerado el gran patriarca de la mafia georgiana en el mundo y que en esa época andaba oculto por Grecia. En marzo del 2010, policías de seis países coordinados por el juez Fernando Grande-Marlaska arrestaron a 70 criminales. Este lunes arranca en la Audiencia Nacional el juicio contra 20 de ellos, los detenidos en España. Solo está garantizada la presencia de Kakhaber. Encarcelado en Francia tras quedar en libertad, las autoridades vecinas lo han extraditado por seis meses a España para que pueda asistir a un juicio en el que los fiscales le piden 33 años de cárcel y dos millones de euros por media docena de delitos, entre otros, ordenar dos veces el asesinato de un capo rival en Francia.
Kakhaber es un ladrón de ley, un vor y zakone, un título honorífico en su argot criminal, que sólo reciben los capos de las mafias del Este. Se trata de esa clase de tipos duros e impasibles, sin remordimientos, que decide sobre la vida y la muerte de los otros sin pestañear. No es sólo una figura cinematográfica, como los que aparecen en Promesas del Este, son reales. Están obligados a obedecer la ley de los ladrones, códigos de conducta forjados en cárceles y gulags soviéticos.
Sobre el resto de imputados, los fiscales anticorrupción Fernando Bermejo y José Grinda han firmado, por el momento, cuatro órdenes de búsqueda y captura internacional porque ha sido imposible localizarlos para citarlos al juicio. El resto debería sentarse a partir de este lunes en el banquillo. Salvo Gela Garishvili, asesinado de un tiro en la cabeza en un piso de Terrassa el pasado enero, junto a otro hombre, también de nacionalidad georgiana. Su crimen, un ajuste de cuentas en toda regla, está inmerso en una complicada investigación para la que se ha creado un equipo conjunto integrado por los Mossos d’Esquadra y el Cuerpo Nacional de Policía.
Para entender mejor la importancia del juicio que empieza hoy en la Audiencia Nacional conviene echar la vista atrás y regresar a esa Europa de la
primera década del 2000, en la que las mafias del Este, y especialmente la georgiana, trabajaban a golpe de amenaza y talonario para infiltrarse en las instituciones políticas europeas. Kakhaber eligió Barcelona porque se sentía seguro, le encantaba el clima, la comida, y pasaba desapercibido. El hombre se instaló en la ciudad en el 2005 tras varios meses encarcelado en Lleida por tenencia ilícita de armas. Hasta diez identidades falsas llegó a utilizar. No fue hasta octubre del 2009 que pudo firmar con su verdadero nombre tras amañar una boda con una joven de l’Hospitalet a la que pagó 7.000 euros por los papeles.
El discreto georgiano dirigía con mano férrea a un ejército de mercenarios a sueldo especializados en todo tipo de delitos. Los movía por toda Europa, traficaban con armas, con personas, con drogas y después se blanqueaban los ingresos.
Desvalijaban casas, fundían el oro y lo revendían. Los investigadores llegaron a calcular que enviaban hasta 130.000 euros mensuales a Georgia, su base de operaciones natural. Ninguna otra familia mafiosa podía trabajar sin su consentimiento en los territorios que su gente controlaba. Debían autorizarles, previo pago de ciertas cuotas denominadas obschak, cajas de recaudación. Contaban además con un poderoso aparato legal de recuperación del dinero lavado que se invertía en negocios legales.
Una estructura criminal perfecta dirigido por un hombre que solía comer un menú en el bar de debajo de su casa y que acababa de ser padre de unas gemelas a las que ignoraba, porque estaba obsesionado por tener un varón, un sucesor.
La madrugada que la lista de 70 mafiosos debían de ser arrestados, Lasha Shashanashvili logró huir del hotel de Salónica en el que estaba hospedado. Los investigadores confirmaron después que la mafia pagó 800.000 euros a funcionarios griegos deshonestos que se encargaron del chivatazo. El capo cayó más tarde, y fue juzgado y condenado a 14 años de prisión, una sentencia que ha sido recurrida y que estos días se vuelve a revisar y que ha obligado al fiscal Grinda y a un comisario del Cuerpo Nacional de Policía a viajar a Salónica, en Grecia, para testificar.
Como en aquella ocasión, las autoridades griegas no han puesto fáciles las cosas a los investigadores españoles. Al comisario no se le permitió declarar y al fiscal se le prohibió hablar incluso con el traductor para que explicara al tribunal los datos de la investigación en España que incriminan a Lasha.
Tras aquella operación Java-Hayastán la mafia georgiana ha seguido intentando instalarse en España. Pero nunca con la peligrosidad de los mercenarios que dirigían todo un imperio del miedo y el crimen desde el Eixample.

Pero hasta llegar a esa noche del 3 de julio del 2.015 la Policía había hecho una investigación de complejidad extrema, cuyos primeros pasos se remontan a 2013. El Grupo de Robos de la Brigada de Madrid se enfrentaba a un aumento de los asaltos a viviendas en las que no había signos externos de violencia y se utilizaban medios técnicos sofisticados. Pronto hubo detenciones, y hubo dos datos que llamaron la atención: por una parte, los arrestados llevaban documentos falsos de países Schengen -checos, lituanos y búlgaros especialmente-, pero en las lecturas de derechos pedían intérpretes de ruso o inglés; y cuando caían por segunda vez -siempre tenía que ser in fraganti, por su forma de «trabajar»-, algunos ya admitían que eran georgianos...
A finales de ese año se detectaron dos células que actuaban en Retiro y que cuyos miembros fueron detenidos. En ese momento, saltó otro dato de interés: los delincuentes siempre llamaban a la misma persona de contacto, Merab Toroshelidze, y éste siempre les proporcionaba la misma abogada... Los investigadores, por supuesto, se fijaron un poco más en este individuo y descubrieron algo interesante: uno de los que quedaron en libertad voló de Madrid a Amsterdam con un billete pagado por ese personaje, que dio el correo electrónico de la tienda de informática Aikon de la calle de Rafael del Riego, cerca de Atocha y frecuentada por georgianos. La operación ya tenía nombre: «Aikon».
La Brigada de Policía Judicial de Madrid comenzó a trabajar con la hipótesis de que se enfrentaba con una importante red criminal y que el tal Merab tenía un papel clave. Es más: a partir de él conoció la estructura de la trama, solo con seguimientos porque por entonces ni siquiera estaba judicializada la investigación. Pronto se fueron identificando células, que eran fotografiadas, en un trabajo de calle discreto -los criminales nunca «mordieron» a los agentes- y eficaz. La sorpresa saltó en agosto de 2014, cuando en una de las fotografías apareció a un tipo de 1,75 metros de altura, poco pelo blanco y fibroso... Fue reconocido como Zviad Darsadze, en libertad bajo fianza por la operación Java. Había, pues, una red y se conocía quién la mandaba.
Una «mina»
Merab Toroshelidze se convirtió en una «mina» para los investigadores. Primero fue detenido por agentes de Arganzuela por receptación, y luego su seguimiento les llevó a una tienda de compraventa de oro en Sol y a otra de herramientas. Se hizo una inspección en la primera y se intervinieron 20 relojes, pero solo cuatro pudieron vincularse a dos robos concretos. En cualquier caso, estaba claro que ese papel también lo jugaba, como el de proporcionar material a las células operativas. Vivía de forma humilde y utilizaba el transporte público para trasladarse. Eso sí, le gustaba mucho el juego. Las «sombras» de Merab estaban satisfechas, porque él les llevaba hasta cada miembro de la red.
Lo que no podían imaginar es que en una vigilancia en una «zona caliente» de robos en pisos iban a detectar al «vor» en labores de vigilancia. Estaba en la calle, mientras una de las células entraba en varios edificios, aunque en uno estuvo más tiempo. Al salir, los agentes les detuvieron, pero no encontraron nada. Se cree que tuvieron tiempo de esconder el botín en un vehículo «caleteado» -suelen utilizar Opel Astra y Ford Focus-, porque esa misma noche hubo denuncias de robos en pisos de ese inmueble.
La investigación ya estaba lo suficientemente avanzada como para judicializarla, y recayó en el juzgado de Instrucción 43 de Madrid. Era octubre y entonces solo se tenía el teléfono de Zviad Darsadze, que fue intervenido. Se comprobó cómo exigía a todos sus hombres las máximas cautelas con la utilización del móvil, por lo que las citas para recibir órdenes eran, casi siempre, en persona con los jefes de las células, que debían pedir permiso para verle al lugarteniente del jefe, Archil Giorgiobani, alias «Achiko».
Cumpleaños feliz
En febrero de 2014, ya con la Udyco Central incorporada al caso, se produjo otro hito en la investigación: el «vor» que dirige la red italiana vino a España para, formalmente, asistir al cumpleaños de Zviad Darsadze, aunque también le puso al corriente de la reunión de jefes convocada el 6 de enero por Zakhar Kalashov a las afueras de Erevan (Armenia) y le transmitió órdenes de la cúpula de la organización. La visita del capo, un tipo con prestigio y peso específico en la mafia georgiana, era la mejor prueba de que Darsadze era importante.
Coronado «vor» en 2000, la decisión de Kalashov de quitar ese título a todos los que habían sido nombrados después de su ingreso en prisión en España, en 2008, no le afectaba. Sobre este sujeto se supo además que quería huir a Rusia, y de hecho tenía permiso a la organización para ello. Su plan era esperar al comienzo del juicio de Java para, antes de la sentencia, huir. Ya había hablado con la gente que le ayudaría en su nueva etapa.
Cada dato confirmaba la importancia de la operación. Pero aún quedaba el tercer hito: la aparición en escena de Francisco Figueroa, un español de origen dominicano que estaba asociado con Merab Toroshelidze para dar salida al botín de los robos. Lo hacía a través de un segundo local de compraventa de oro y alhajas, en la calle del General Pardiñas, 85, en el que no había libro de registro ni se cumplía con la legislación. Pero Figueroa, además, trasladaba a georgianos y les buscaba pisos, por lo que policialmente está claro que formaba parte de la red. El mecanismo era que Merab le llevaba el oro y las joyas su socio lo vendía o lo llevaba a fundiciones ilegales.
«Ir al servicio»
La Policía averiguó que el viernes 24 de abril Darsadze en persona y sus dos lugartenientes iban a hacer una entrega en el citado local. El dispositivo de seguridad permitió comprobar cómo Toroshelidze, Figueroa y uno de los hombres de confianza del jefe se acercaron, pero finalmente solo entraron los dos últimos. Los agentes decidieron intervenir. Confiscaron una bolsa con medio kilo de oro en joyas, de la que nadie quería hacerse cargo. «Yo solo entré aquí porque tenía ganar de ir al servicio», se justificó, torpe, el lugarteniente de Darsadze... Y lo más curioso es que, sin que nadie lo llamara, apareció el abogado del dueño del local, que preguntó a la Policía por qué no detenía al georgiano. El análisis de las joyas reveló que pertenecían a tres robos denunciados el lunes, martes y miércoles de esa misma semana.
La operación policial había hecho perder 3.000 euros a Darsadze y otros tantos a sus lugartenientes. Por ello, el capo, días después, decidió pedir explicaciones a a Toroshelidze. Le dio 15 días para devolverle ese dinero, o habría problemas. En su organización mafiosa, todos saben que no bromea. La Policía le oyó decir una vez: «Voy a llamar a todos los chicos de Madrid y al que me mienta le romperé la espalda». Pues bien, él y sus «chicos de Madrid» están libres por orden de un juez