El valenciano de adopción Luis Munar, exoficial del Ejército del Aire español hasta 2011, ha pasado dos meses en Siria adiestrando a los rebeldes que luchan por derrocar al régimen de Bashar al-Asad y asegura que ha llegado a entrar en acciones de guerra en este conflicto que ya ha causado más de 40.000 muertos


He ido a Siria para adiestrar a los rebeldes por una cuestión moral; si puedo, ayudo al débil´

Luis Munar, exoficial del Ejército del Aire afincado en Valencia desde hace tres décadas, ha pasado dos meses instruyendo a los rebeldes sirios Asegura que una bomba que no explotó le cayó al lado y que entró en acciones de guerra: "No sé si maté a alguien. Yo disparé a matar, desde luego, pero no sé si maté"

 





Luis Munar, exoficial de las Fuerzas Armadas, en el centro, enseña técnicas de combate urbano a los rebeldes de la Brigada al-Farouk.
Luis Munar, exoficial de las Fuerzas Armadas, en el centro, enseña técnicas de combate urbano a los rebeldes de la Brigada al-Farouk. Levante-EMV
PACO CERDÀ VALENCIA La historia es rocambolesca. El valenciano de adopción Luis Munar, exoficial del Ejército del Aire español hasta 2011, ha pasado dos meses en Siria adiestrando a los rebeldes que luchan por derrocar al régimen de Bashar al-Asad y asegura que ha llegado a entrar en acciones de guerra en este conflicto que ya ha causado más de 40.000 muertos, según el Observatorio Sirio de los Derechos del Hombre. Pocos días después de su regreso a Valencia, Munar explicó ayer el origen altruista de su misión. "Puede sonar raro -cuenta-, pero he ido a Siria por una cuestión moral. Al ver lo que estaba ocurriendo en Siria y que la comunidad internacional no hacía nada, mi corazón me decía que podía echar una mano allí con la experiencia que yo tengo".
El exmilitar de 48 años -licenciado en Derecho por la Universitat de València, piloto de avión e hijo de un coronel del Ejército de Tierra del Estado Mayor ya fallecido- tiene una consultoría de seguridad, inteligencia y defensa llamada Geuel 1315. Pero esta iniciativa la ha realizado a título personal, por vocación y conciencia. Partió a principios de octubre y llegó a Siria vía Estambul, a través del paso fronterizo Bab al-Hawa. "Entré al país de forma clandestina, corriendo y entre alambradas, porque por allí sólo dejan pasar a personas con pasaporte sirio", relata. Enseguida se enroló en la Brigada al-Farouk, una unidad rebelde que asegura tener unos 12.000 combatientes en toda Siria. El panorama que se encontró fue muy distinto al de un Ejército. "Eran chicos de entre 14 y 30 años, que iban con sandalias y no tenían equipamiento alguno para luchar. Morían como... Y yo vi que tenía la posibilidad de enseñarles a durar más, a no morir tan pronto", dice.
La primera fase de la instrucción militar se centró en lecciones de combate urbano. "Cómo moverse por las calles, cómo asaltar edificios, cómo actuar como francotiradores (disparar y moverse del sitio), y técnicas básicas de tiro", explica Luis. Tras volver a Valencia, luego fue requerido por los rebeldes y consiguió que le pagaran el viaje y la manutención a través de la comunidad siria en España. Así volvió a Siria para formar a esa misma brigada en la lucha antiaérea.
Pero no se limitó a enseñar. También participó en la guerra. "A mí me han disparado artillería y morteros. También nos atacó un avión, que dejó 90 muertos en el campo de refugiados próximo a la base en la que estábamos, y me cayó una bomba a cuatro metros que hizo un agujero en tierra y no explotó. Así es que estoy vivo de milagro", asegura. Participó, asimismo, en acciones de guerra. "Iba con ellos, con un kaláshnikov, me vi metido en plena batalla y no me quedó más remedio que participar en acciones de guerra", detalla. ¿Mató a alguien? La respuesta de Luis suena tan cruda como la guerra: "No sé si maté a alguien. Yo disparé a matar, desde luego, pero no sé si maté. Ahora bien: he conocido a un chico de la brigada, que se llama Assad, que tiene 24 años y llevaba 46 muertos con un rifle de francotirador ruso cuando me despedí de él", dice.
Además de en Bab al-Hawa, Luis Munar ha estado en la sangrienta Alepo, en Ad Dana y en Idlib. Ahora ya ha regresado a casa. "Ya he hecho mi trabajo. Ojalá pudiera estar en Siria hasta que terminara la guerra, pero he vuelto porque mis hijos tienen que comer", añade. La guerra es "terrible", una "tragedia", insiste. "Pero, desgraciadamente, como somos humanos, seguiremos matándonos hasta el fin de nuestros días. Y si yo puedo ayudar al débil y al que creo que es inocente a salvar su vida -concluye-, me doy por satisfecho".
Se salió del Ejército para no implicarlo en esto
Nacido en Ceuta pero afincado en Valencia desde hace más de 30 años, Luis Munar explica que abandonó el Ejército el año pasado porque "tenía pensado hacer cosas de éstas y no quería implicar a las Fuerzas Armadas Españolas. Yo esto lo hago a nivel particular y no implico ni a mi Ejército ni a mi Gobierno. Ahora soy Luis Munar, tengo una empresa, y estas iniciativas las hago de manera privada", asegura. Esta experiencia afirma que enriquecerá su currículum profesional.
Asegura que percibió "mucho dolor" entre los rebeldes sirios "por el hecho de que Occidente hubiera intervenido en la Libia de Gadafi y no hubiera hecho nada en la Siria de Al Asad. Ellos me decían: "¿Por qué somos diferentes, aquí también estamos luchando por nuestra libertad?" Con esa actitud, se están creando candidatos perfectos para ser terroristas contra los países occidentales", opina. Él insiste en que no ha sido ningún mercenario. p. cerdà valencia